jueves, 15 de octubre de 2009

Freud: Mente aislada y Telepatía

Nos desconocemos a nosotros mismos porque nosotros mismos estamos detrás de nosotros mismos.
Ramón Gómez de la Serna

Son numerosos los aspectos de las teorías de Freud y los pasajes de su obra que suponen una concepción de la mente como entidad aislada. La contrapartida metafísica de esta concepción es el problema de las otras mentes - ¿cómo puedo estar seguro de la existencia de otras mentes a parte de la mía?- cuestión recurrente en la filosofía actual, sobre todo anglosajona. Freud lo “resuelve”, en su obra Lo Inconsciente, recuperando el argumento per analogiam de John Stuart Mill: La afirmación de que también los demás hombres poseen una conciencia es una conclusión que deducimos per analogiam, basándonos en sus actos y manifestaciones perceptibles y con el fin de hacernos comprensible su conducta.
Es decir, la aceptación de una conciencia, en los demás, reposa en una deducción y no en una irrebatible experiencia directa como la que tenemos de nuestra propia conciencia. Pero, por otra parte dice que cuando se trata de los demás sabemos interpretar muy bien su comportamiento, dotándole de coherencia, mientras que esa interpretación se resiste con nosotros mismos, por lo que debemos tomarnos como si nuestros actos "pertenecieran a otra persona". Parece como si la investigación fuera desviada por un "obstáculo especial". Pero, si como dice Freud, es más fácil interpretar el comportamiento de los demás que el mío propio. ¿Por qué mi propia conciencia ha de ser tomada como el hecho primario y la base para postular la existencia de otras mentes? Uno de los frutos del mito de la mente aislada es la creencia en la telepatía, primero separamos las mentes, como receptáculos herméticos, después imaginamos que se pueden comunicar sin intermediarios. Freud se mantuvo una posición de ambigüedad sobre el supuesto fenómeno.
Por mi parte afirmo que la telepatía no existe porque las mentes no están aisladas. La capacidad de mentir y el disimulo, que parece convertirse para nosotros en una segunda natauraleza, no es algo dado desde el principio sino el resultado de un costoso aprendizaje. Normalmente sabemos qué es lo que piensa y siente el otro, y el otro también lo sabe de mi, salvo raras excepciones. En caso contrario, todos seríamos por naturaleza consumados jugadores de póker.

2 comentarios:

Mario and company dijo...

Normalmente sabemos qué es lo que piensa y siente el otro, sin emargo que tranquilidad da cuando nos lo dice directamente y no tenemos que deducirlo.
Felicitaciones por el blg, espero encuentres tiempo para darle continuidad.
Un fuerte abrazo.

Dr. Carlos Rodríguez Sutil dijo...

Eso espero, compañero. Gracias por el comentario.