miércoles, 3 de mayo de 2017

LA PSICOTERAPIA HOY



Con motivo de mi participación en el III Congreso Nacional de Gestalt, 2017. "Compartiendo inquietudes", elaboré un guión sobre una serie de preguntas básicas que se plantearon de cara al Panel Plenario. El coloquio en la práctica no siguió ningún guión estricto y es muy probable que el vídeo sea publicado.


1  Dado que la demanda en terapia es frecuentemente motivada por las fricciones que la persona siente con su entorno y en definitiva con esta sociedad, ¿Cómo es éticamente trabajar para que una persona se ajuste a una sociedad profundamente enferma? ¿Cuál es el trabajo que sería intrínsecamente saludable?

Posiblemente el objetivo no es tanto que la persona se adapte o se ajuste a una sociedad profundamente enferma sino que busque el mejor camino para mantenerse relativamente sana y moderadamente feliz a pesar de la sociedad que le rodea. Por otra parte, tampoco puede considerarse que la sociedad esté profundamente enferma, pues entonces lo mejor sería que nos bajáramos del barco. Siempre habrá personas y grupos relativamente sanos en nuestra. Una de los principales objetivos que se buscan en toda terapia es la aceptación de uno mismo, lo que normalmente pasa por la aceptación del propio cuerpo. Quizá el rechazo del cuerpo, es uno de los aspectos más negativos de nuestra cultura, que se muestra en diferentes formas de autoagresión: anorexia, vigorexia, negación de la sexualidad o exacerbación de la misma, evitación de la amistad y del contacto. Somos nuestro cuerpo, si es que aquí se puede aplicar el concepto de “propiedad”. Pero este cuerpo, esta persona, no está nunca aislado, aunque momentáneamente pueda estar sola, desde el primer contacto piel con piel con la madre. Se supone que en la medida en que nos permitimos el disfrute y la autorrealización también estamos en la mejor disposición para permitírselo. 

2    ¿Qué inquietudes y retos se nos plantean en la aplicación de la salud mental, emocional, etc... en este mundo con cambios continuos y galopantes?

Creo no equivocarme si afirmo que los aquí presentes somos defensores del “slow food” frente al “fast food”.  Debemos preconizar el disfrute reposado del momento y de los momentos sucesivos, de la amistad y el afecto. El afecto por uno mismo y por los demás ha sido rechazado en los últimos siglos por creencias religiosas erróneas que consideraban todo disfrute de sí mismo y de los otros como egoísmo pecaminoso. Pero cuando el afecto por el otro no va acompañado por el afecto propio se convierte en una máscara de abnegación que esconde sentimientos negativos. Estamos impregnados de esta religión negativa, pero en los últimos tiempos, quizá como reacción contra la religiosidad, se pretende negar los límites de la existencia humana, el dolor, la vejez y la muerte. Estas son circunstancias que deberemos enfrentar en cada momento tratando de obtener el mayor beneficio moral de la experiencia y reduciendo los daños posibles, pero sin dar la espalda a una realidad que se nos impone. Se podría decir que estamos en un mundo que huye de sus conflictos.

     B ¿Podemos estar trabajando con supuestos básicos en psicoterapia que en realidad son cuestionables o son específicos de esta sociedad, y no de otras sociedades o períodos históricos?
Si seguimos los principios de una filosofía valorativa hacia la persona, que defienda la empatía y el apego, los errores técnicos nunca provocarán problemas graves. El psicoanálisis relacional postula que la primera necesidad es la necesidad de contacto y compañía, la relación con otras personas y grupos. Es una necesidad que se cumple en sí misma sin que haya otros objetivos. La teoría pulsional freudiana, en cambio, postulaba que buscamos a los otros para satisfacer nuestras necesidades, sexuales o de destrucción. Aun así, pienso que la mayoría de los colegas de orientación psicoanalítica han buscado sinceramente beneficiar a las personas con las que han trabajado, por lo menos con la misma intensidad que ellas querían beneficiarse del proceso, y que su teoría en gran parte errónea no ha impedido que sirvieran de gran ayuda a estas personas. Esto no quiere decir que debamos adoptar una postura ingenua, pues muchas veces somos nosotros mismos – como pacientes pero también como terapeutas -  los que nos oponemos al cambio, por otro tipo de necesidades adquiridas. Normalmente hemos aprendido a sufrir de una forma particular y concreta, no por el disfrute del sufrimiento en sí, sino para evitar un sufrimiento mayor: el temor a la pérdida del afecto, el derrumbe, la vergüenza, la culpa.

     C  ¿Qué aspectos de nuestra labor quedan en entredicho o han de dar giros?  ¿Cuáles han de ser reforzados, si los hubiera, a pesar de las demandas cambiantes?

En la lucha contra el cartesianismo y la concepción occidental de la “mente aislada”, entroncada con el rechazo del cuerpo, el mayor riesgo que debemos evitar como terapeutas es la creencia en que la terapia es algo que el terapeuta ejerce sobre el paciente o cliente. Desde el psicoanálisis relacional insistimos en que la terapia es una tarea de dos personas (o más), en la que uno ejerce el rol de terapeuta pero inmerso también en una relación enriquecedora y que le proporciona una posibilidad de cambio personal. Sin que se llegue a una igualdad total de roles, pues uno se ofrece profesionalmente como terapeuta y otro como paciente, se trata de una situación gobernada por la mutualidad. El terapeuta que quiere demostrar su gran intuición, inteligencia y capacidad de análisis ante el paciente corre el riesgo de realizar intervenciones quizá brillantes pero inútiles. Lo que el paciente necesita no es un erudito o un santo sino una relación genuina.

3.  ¿Qué podría hacer los profesionales de la salud por un mundo del SXXI… que no hace?

Los profesionales de la salud deberían atender a los enfermos y no a las enfermedades, pues cada persona enferma según su propia naturaleza y características. Los profesionales de la salud mental, por su parte, deberían pensar que, salvo excepciones, las personas a las que atienden no son enfermos sino individuos que tienen dificultades en su forma de estar en el mundo y de relacionarse con los demás. La psicoterapia debe ser pensada como una nueva oportunidad para aprender formas más satisfactorias de estar con el otro, y nosotros también.


    ¿En qué les parece que se parecen Uds. en su hacer -(no tanto quizás en cómo lo cuentan) - a pesar de pertenecer a enfoques supuestamente diferentes (psicoanálisis, gestalt);

Todas las formas de psicoterapia que busquen escuchar al otro con paciencia y empatía y ofrecerle un vínculo positivo se parecen, aunque utilicen “técnicas” diferentes y se sustenten en teorías particulares.