domingo, 20 de noviembre de 2016

NEUROSIS, PSICOSIS, PERVERSIONES, PARANOIA (UN BREVE APUNTE)

La división clásica en psicoanálisis freudiano es entre neurosis y psicosis; Freud entró más tarde a estudiar las perversiones. También realizó alusiones interesantes pero aisladas a los trastornos del carácter o “neurosis de carácter” como se los empezó a llamar entonces. Neurosis de carácter y perversiones ocupan, por tanto, un lugar intermedio entre neurosis y psicosis pero no se deben confundir. Las perversiones sexuales como las definía Freud (satisfacción erótica sin posibilidad de reproducción) pueden aparecer en cualquier sujeto. Son conductas “desadaptadas”, cuyo mecanismo básico es la renegación (Verleugnung),  pero que no provocan síntomas (el perverso realiza sin experimentar angustia aquello que el neurótico sólo piensa, con angustia, la perversión es el negativo de la neurosis) y a las que el sujeto no quiere ni pretende renunciar. La renegación también es el mecanismo básico de las organizaciones límite. Sin embargo, cuando hablamos de “estructura perversa” ya estamos haciendo referencia a una estructura de carácter que se correspondería con personalidades dadas al uso – o abuso -  intrumental de los demás, principalmente la personalidad agresiva y la narcisista, sobre todo con las características de lo que Kernberg denomina “narcisismo maligno”.

La idea de que las psicosis suponen el fracaso en la estructuración de la personalidad no debe ser tomada como una afirmación tajante, pues todo psicótico tiene sus estilos propios patrones de personalidad. Con ese fracaso se quiere decir que surgen las angustias más primitivas, psicóticas, la esquizoide y la depresiva, pero también la confusa (maníaca y bouffé delirante).  Dentro de las psicosis, el trastorno delirante del DSM, antes paranoia, es la de mayor estructuración. De hecho por ahí se puede entender que Fairbairn hablara de posición esquizoide y no “esquizo-paranoide” como Melanie Klein, y que incluyera la técnica paranoide como una de las cuatro que se utilizan para defenderse de la angustia primitiva, siendo las otras tres la histérica, la obsesiva y la fóbica. Con esto se situaba la paranoia en un lugar semejante al de las neurosis o, mejor dicho, a las organizaciones neuróticas (personalidades). El motivo definitivo de no aceptar la personalidad paranoide puede ser que nunca me he encontrado ningún paciente con un funcionamiento claramente paranoide que no reuniera las características de alguna de las personalidades de la posición esquizoide, o procediera del deterioro de un trastorno límite de la personalidad.