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Mostrando entradas de octubre, 2011

LOS SISTEMAS MOTIVACIONALES

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Rodríguez Sutil, C. (2011). Reseña de la obra de J.L. Lichtenberg, F.M. Lachmann y J.L. Fosshage: “Psychoanalysis and Motivational Systems: A new look. Clínica e Investigación Relacional, 5 (3): 575-580. [ISSN 1988-2939]


Lichtenberg y colaboradores presentan una nueva versión de su teoría general de la motivación humana, cosa que no se ha llegado a completar nunca desde el psicoanálisis ortodoxo, y se ven quizá obligados a utilizar la “lengua franca” de la psicología actual, es decir, el lenguaje cognitivista. Algo que me viene ocurriendo desde hace un tiempo a esta parte es que cuando me encuentro con una obra psicoanalítica de alto rango teórico, como es la aquí citada, me resulta casi imposible comentarla sin más evitando entrar en debate con ella. La siguientes páginas, en consecuencia, no deben ser tomadas como un resumen o exposición sin más de las ideas expresadas por Lichtenberg en esta obra sino como una argumentación provocada por su lectura. Espero no obstante haber resumid…

MOTIVACIÓN Y CONCEPTOS

El apego, la sexualidad, el reconocimiento, la agresividad, son conceptos, conceptos con los que intentamos comprender al ser humano. Pero conviene no olvidar que ni el animal ni el ser humano recién nacido se mueve por conceptos sino por reflejos y tendencias espontáneas. Por eso los conceptos son engañosos aunque imprescindibles (como la empatía y la intuición), pues los tomamos por objetos reales. Aún así, parece que hay tendencias más básicas e innegables, como aquellas a las que se alude con el concepto de "apego", y otras, posiblemente emparentadas con él, derivadas y tamizadas por el lenguaje, como es el reconocimiento, el deseo de dominio, etc. Me parece que la destructividad no es una motivación básica aunque pueda ser una consecuencia de la conducta espontánea, en cambio está claro que es una respuesta más o menos voluntaria a la frustración o una defensa ante el ataque.

CLASIFICACIÓN Y EMPATÍA

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La clasificación supone un riesgo de cosificación, de tratar al otro como un objeto, que siempre debemos tener presente. Por eso yo prefiero pensar en prototipos, es decir, pautas generales de comportamiento que habitualmente se asocian, prototipos a los que el individuo particular - al que hay que comprender en su persona y su contexto - se puede asemejar más o menos. Cuando se trabaja en atención pública, con la posibilidad de encontrar personas que padecen trastornos graves y requieren decisiones urgentes, la adopción de una actitud diagnóstica se vuelve perentoria. Pero eso no quiere decir que en la práctica privada no sea importante conocer las categorías diagnósticas y aprender a identificar con cierta facilidad los trastornos graves pues el bienestar de nuestros pacientes/clientes también lo puede requerir. La clasificación del trastorno o estilo que padece o caracteriza al paciente no debe estar reñida con la empatía, ni viceversa.
Brandchaft y Stolorow, en los años ochenta, su…

Los problemas del diagnóstico

Dicen Stolorow y Atwood que, con pacientes que sufrieron abusos infantiles, atribuir el caos afectivo o el retraimiento esquizoide a “fantasías” o a “organización de personalidad borderline” equivale a culpar a la víctima y, por ello, a reproducir en parte el proceso del trauma original. Sin embargo, bueno será que aprendamos a identificar esos estados que se atribuye a los pacientes, a veces como etiquetas diagnósticas cosificadoras, para intentar evitar la retrumatización en el caso concreto del paciente que tenemos en ese momento delante, dado que, por otra parte, la tendencia a clasificar es una tendencia inevitable en el ser humanos y, sigo pensando, de cierta utilidad en el clínico. El argumento para examinar los fundamentos metafísicos de nuestra práctica sería el mismo. Puesto que no hay observación de la realidad sin marco teórico (en definitiva, metafísico), intentemos hacerlo lo más explícito posible y meditar sus pros y contras.

Pequeño pensamiento del día (2)

La única “pulsión” es la tendencia al apego, cuya expresión más elemental son los reflejos (como el de prensión y el de succión). Destructividad y sexualidad (agresividad y erotismo) son tendencias de comportamiento biológicas (de la especie) cuyas formas concretas de expresión se hallan en el contexto social, no es preciso buscarlas en un supuesto reservorio individual e interno de pulsiones. Somos biológicamente sociales, como las termitas, aunque nuestras sociedades presenten diferencias evidentes.Si la primera necesidad es el contacto humano, el concepto “biológico” al que deberemos recurrir es “la forma de vida” como totalidad narrativa del ser humano en su contexto. Este método psicoanalítico-hermenéutico tendrá por principio la integración de las vivencias en su conjunto.