miércoles, 3 de marzo de 2010

POSICIÓN ESQUIZOIDE, POSICIÓN CONFUSIONAL

Me voy a ocupar ahora de las posiciones de la teoría kleiniana junto con los aportes relevantes de Fairbairn. Introducimos la posición “confusional” que junto con la esquizoide, más clásica, cubre el espectro de las personalidades narcisistas y límites, con una denominación un tanto difusa, o de las estructuras límite de la personalidad, en el sentido de Kernberg (límite alto y límite bajo).

Se trata de asuntos que guardan cierta relación con las clasificaciones diagnósticas y requieren cierto preámbulo. Considero que las categorías construidas para clasificar las manifestaciones psicopatológicas no deben entenderse como listas cerradas de elementos, sino como ejemplares prototípicos de casos, no han de aplicarse como la asignación de un compartimiento estanco. Y, aunque defiendo su utilidad, tendría que evitarse con cuidado la tendencia clásica que asigna la enfermedad al individuo como entidad aislada. El trastorno se produce en un contexto familiar y, como se dice desde la teoría sistémica, es ese contexto en su totalidad el que se ve implicado, y no solo uno de sus elementos. Por otra parte, el aspecto que más me interesa del posible trastorno es la estructura de la personalidad, entendida como conjunto de patrones de comportamiento cuyo nivel de lectura privilegiado es la relación interpersonal. La personalidad es lo que hacemos en compañía de los otros, estén o no estén físicamente presentes, es nuestro estilo, nuestra forma de estar en el mundo. Hace años propuse, desde una perspectiva clínica, definir la personalidad como aquello que queda cuando eliminamos los síntomas, ahora añadiré que la personalidad también consiste en el significado particular de esos síntomas en el contexto social.

Klein toma el término “esquizoide” de Fairbairn para hablar de posición “esquizo-paranoide”. Antes había utilizado la denominación “posición paranoide”, identificado “paranoide” con “persecutorio”, pero sin elaborar mucho el concepto. Para Fairbairn, la patología esquizoide proviene de una fijación a la etapa oral primaria (incorporativa y pre-ambivalente) y los estados maníaco-depresivos a la etapa oral secundaria (ambivalente), con la aparición de los dientes y la posibilidad de morder. El niño pre-ambivalente cree que su amor es rechazado cuando su madre lo frustra, dando lugar al sentimiento de futilidad, más profundo y absoluto que la desesperación melancólica. Ahora bien, la posición esquizoide que define Fairbairn es realmente esquizoide (no paranoide) y muestra la alienación. La posición esquizo-paranoide de Klein (que excluye la ambivalencia) es primariamente paranoide y secundariamente esquizoide, debido al odio. Según Grotstein – psicoanalista de Los Ángeles - mientras que la posición esquizoide de Fairbairn se encuadra en una teoría sobre el déficit primario, afirmación con la que estoy de acuerdo, su posición depresiva se basa en una teoría de la melancolía, como la de Freud y Klein, una teoría del conflicto que recoge los resultados en la fantasía del niño por los supuestos ataques al pecho.

Fairbairn afirma que cierto grado de disociación está siempre presente en el fondo del psiquismo, y enumera una multitud de fenómenos esquizoides que se manifiestan en la clínica, entre ellos la despersonalización y la sensación de irrealidad. Estas actitudes y fenómenos están presentes, según él, con mayor o menor intensidad en una gran variedad de sujetos, desde los esquizofrénicos puros, la personalidad psicopática de tipo esquizoide, el carácter esquizoide – rasgos esquizoides marcados pero no psicopáticos – y los estadios esquizoides pasajeros o “islas esquizoides”. La necesidad de amor, en todos estos estados queda oculta bajo una máscara de distanciamiento y apatía emocional. La futilidad es el afecto característico de muchos trastornos esquizoides y puede provocar el diagnóstico de alguna forma de depresión.

Melanie Klein consideró en alguno de sus trabajos iniciales la posibilidad de la posición maníaca relacionada con la omnipotencia y con la renegación (no ver cierta parte de la realidad externa). Pero eliminó esta posición por carecer, en su opinión, de una angustia específica, pues o bien el yo busca refugio contra la melancolía (posición depresiva) o contra un estado paranoico que no es capaz de dominar. Atribuye a la posición esquizo-paranoide la mayoría de los mecanismos maníacos: el control omnipotente de los objetos malos, la idealización, la negación de la realidad psíquica. La idealización del objeto es más bien una reacción de protección ante los temores persecutorios que una relación propiamente amorosa.


La perspectiva vincular introduce la necesidad de una posición intermedia entre la esquizo-paranoide y la depresiva, que es la que denominamos “posición confusional”, que comparte elementos con una y otra, y se caracteriza por la oscilación: entre un self megalomaníaco (cercano a lo esquizoide) y un self disminuido (cercano a lo depresivo). Utiliza los mecanismos maníacos (base de la contrafobia), la renegación, el desplazamiento fóbico y una idealización menos extrema que en la posición esquizo-paranoide. Resumimos las tres posiciones, cuatro si incluimos la “aglutinada” (la del período simbiótico) recogiendo las aportaciones kleinianas y de la psicopatología vincular (Kesselman, Caparrós, Rodríguez Sutil).


POSICIÓN AGLUTINADA: Fusión biológico-social, Protosujeto.


P. ESQUIZOIDE: Escisión, proyección, introyección, identificación proyectiva, repudio, idealización primitiva. Sujeto premoralmente bueno (narcisismo). Objeto parcial (bueno-malo).


P. CONFUSIONAL: Los mecanismos anteriores más renegación, reparación (fallida), defensas maníacas (contrafobia), idealización y desplazamiento de las pulsiones. Sujeto confuso y alternante (dilatado-disminuido). Objeto ideal (bueno-malo-confuso).


P. DEPRESIVA: Los mecanismos anteriores más denegación, reparación, inhibición de la agresividad y desplazamiento de las pulsiones. Sujeto (moderadamente) disminuido. Objeto total (respetado pero reconociendo sus defectos).



Se puede atribuir a la posición esquizoide los elementos persecutorios del superyo (proyectados al exterior), a la confusional el ideal del yo (inalcanzable, interno y externo) y a la depresiva el superyo moral (introyectado, pero también los mecanismos de defensa ante el mismo). Pero cuando Klein y su discípulo Rosenfeld aluden a los “estados confusionales” piensan estar ocupándose de fenómenos esquizoides. También registra Klein un fenómeno corriente en nuestra observación de pacientes de la posición confusional: la evitación del éxito para no arruinar con la competencia y la envidia al objeto bueno pobremente integrado. La separación entre el individuo y el objeto puede ser borrosa y crear confusión.


El mecanismo psicopatológico que predomina en estos sujetos es el de fobia-contrafobia. La angustia de fondo es confusional, es decir, caracterizada por no distinguir si el peligro procede del interior o del entorno y por una no nítida discriminación entre el yo y el no-yo en el plano emocional. En las personalidades de la posición confusional la ansiedad es un síntoma sobresaliente y una experiencia intensa, siendo la crisis de angustia más frecuente que en otras estructuras, también como "miedo al miedo": temor a sonrojarse, llorar o ponerse nervioso y que los demás descu­bran su estado. Predomina el sentimiento de vergüenza, más que la culpa, y el temor al ridículo, por los actos realizados, por no haber sido capaz de cumplir el papel grandioso que le viene asignado (el del ideal del yo). La huida o el ataque, ya sea libidinal o agresivo, se produce como una explosión de los impulsos bloqueados. Con frecuencia es una huida guiada por una autoimagen hipertrofiada (yo megalomaníaco), para a continuación pasar a una fase casi depresiva, con intentos reparatorios fallidos. Se trata del mecanismo fobia-contrafobia que, a mi entender, supone la identificación más o menos breve del yo con el ideal del yo o, dicho de otra forma, una regresión efímera a la posición de omnipotencia propia de lo esquizoide.


Como ejemplos clínicos pondremos el joven tímido que un día “no puede más” y confiesa su amor, con gran emocionalidad, provocando la alarma en la otra parte. Otro es el de la persona con gran angustia para hablar en público pero que un día reniega su incapacidad y se mete de lleno en la situación; o el soldado que no soporta la angustia de permanecer en la trinchera, esperando tal vez la muerte, y se lanza al enemigo con el riesgo de convertirse en héroe o, más probable, de morir acribillado sin más. Frases típicas: “fue la gota que colmó el vaso”, “reconozco que estuvo mal, pero no lo pude soportar más”. Estas situaciones, y similares, se resuelven, en el mejor de los casos, con una
crisis aguda posterior con intensa sensación de ridículo. Suelen vincularse de manera estrecha con personalidades fuertes que les “doten” de estructura, en especial obsesivos, mientras que con el histérico mantienen idilios breves o relaciones de media distancia.

6 comentarios:

Anónimo dijo...

Muchas gracias por tu entrada, me aclaraste muchas dudas al respecto y creo que la descripción es muy clara y a la vez profunda. Saludos

Dr. Carlos Rodríguez Sutil dijo...

Me alegro de heberte sido de ayuda. Saludos.

Anónimo dijo...

Hay algo que no entiendo, porque el objeto se transforma en persecutorio o pecho persecutorio, para que Klein le diera ese termino. Entiendo bien lo del objeto bueno y malo, pero y el persecutorio y de muerte?

Anónimo dijo...

Teóricamente el primer mecanismo de defensa que presentan las personas (en su lactancia) se trata de la escisión, la cual va a "separar" las pulsiones de "vida" de las de "muerte". Hay que considerar que las pulsiones de vida (o de Eros) tienden a unir y crear y las de muerte (o tanatos) tienden a destruir, así entonces vemos que el pequeño separa sus pulsiones de muerte de las de vida, pero, para que haria esto? Resulta que el niño vive sus propios impulsos agresivos (de muerte, tanatos) como peligrosos, dado que si él destruye al objeto (a la madre, cuidador, etc.) entonces el también muere, porque depende de ellos. Así entonces, la angustia ante ello le hace - inconscientemente, claro - dividir sus pulsiones "buenas" (de Eros) de las "malas" (de tanatos) pero, no sólo las divide. El mecanismo de Escisión siempre debe pensarse en conjunto con el de Identificación Proyectiva, el cual es como "el segundo paso". De esta manera, cuando el bebé ha logrado "dividir sus impulsos" lo siguiente será desembarazarse de uno de ellos, del malo. Y lo hará proyectándolo en el objeto, adjudicándole al objeto su condición de "destructor". Así el bebé "cree" que sus impulsos agresivos ya no los tiene, pero sí los tiene el otro y entonces "el otro es el que lo quiere destruir". De esta manera él se siente atacado porque él en realidad quiere atacar, se siente perseguido por un impulso propio en realidad.
Debe tomarse en cuenta que así como el lactante divide sus impulsos, también se divide a sí mismo. Y entonces todas sus "partes buenas" sólo se relacionan con las "partes buenas del objeto", así mismo con los aspectos malos, que contendrían todos los impulsos agresivos.
Posteriormente a éste proceso, lo esperable es que el pequeño una a los aspectos "malos" y "buenos" del objeto, y "se de cuenta" que son uno mismo y que tiene tanto lados buenos como malos (A esto se le llama Depresivo-reparatorio).

Este proceso, teóricamente, es una de las bases de la esquizofrenia, me parece que la de tipo paranoide solamente, que se explica rápidamente con esto.

Espero haber sido de ayuda y haber sido claro. Saludos.

Anónimo dijo...

SOY ESTUDIANTE DE PSICOLOGÍA Y TRABAJO DE ACOMPAÑANTE TERAPÉUTICO DE UN JOVEN ESQUIZOIDE TIPO.LA DESCRIPCIÓN DE LOS SÍNTOMAS Y CARACTEROLOGÍA QUE USTED APORTA CONFORMAN UNA DESCRIPTIVA CUASI PERFECTA.SI USTED ME LO PERMITE ME GUSTARÍA DEJARLE UN INTERROGANTE:¿COMO DEBO INTERPRETAR UN OBSEQUIO DE PARTE DE ESTE PACIENTE?¿DEBO ACEPTARLO COMO TAL?GRACIAS Y MIS MAS GRATOS SALUDOS Y RESPETOS.

Dr. Carlos Rodríguez Sutil dijo...

Me alegro de que le haya parecido útil mi descripción de la personalidad esquizoide. La pregunta que me plantea, no obstante, es difícil de responder pues depende mucho de la situación, de cómo se está llevando la relación, de en qué consiste el obsequio como tal, etc. Partiendo del supuesto de que el obsequio no sea algo en exceso costoso o implique ningún otro problema yo considero que ante la duda lo mejor es actuar con naturalidad, lo que significaría aceptarlo y agradecer el detalle. Ante todo es importante que la persona no se sienta rechazada. En algunos casos quizá conviene también indagar con el paciente el significado del regalo, pero sin rechazarlo. A menudo es una muestra de gratitud a la que no hay que dar más vueltas.