domingo, 18 de octubre de 2009

¿EXISTE EL “APARATO PSÍQUICO”?


Cuando oigo hablar del “aparato psíquico” me sale decir que, en treinta años de práctica profesional nunca he visto un aparato psíquico, siempre me he encontrado con personas. Entonces, a veces, se me habla de que no puedo negar la existencia del cerebro ni de las funciones internas. Eso es cierto, pero conviene que no confundamos nuestras observaciones directas de cómo actúan los sujeto con nuestras inferencias sobre un supuesto “aparato psíquico” y, menos todavía, con una estructura del cerebro que nunca se ha establecido de manera satisfactoria para dar cuenta de tal aparato. Freud lo intentó y tuvo que abandonar el Proyecto, allá por 1895. Nunca se podrá establecer porque psicología y neurología son dos ciencias diferentes con objetos diferentes, que, como la física y la química, se pueden influir pero no suplantar.

De las teorías existentes sobre la estructura del aparato psíquico la más acertada me parece ser la de Fairbairn, al concebir el teatro interno compuesto por personajes introyectados, en relación estrecha con una parte del yo – él hablaba de “ego” no de “self”. Ahora bien, esta versión es, para mi gusto, demasiado intrapsíquica. Tal vez nunca podamos renunciar del todo a las metáforas, pero a partir de la concepción externalista, relacional, es la acción entre las personas lo que pasa al primer plano.

El individuo se constituye cuando puede producirse la relación dual consigo mismo, es decir, cuando dialoga con su yo (múltiple). Esto es lo que Vygotsky llama "drama" y que, como él mismo indica, aparece en Freud cuando analiza el Macbeth. Wittgenstein, por su parte, también reconoce la existen­cia del monólogo interior, en ninguna manera "privado", sino que deriva del lenguaje social, el único primitivo que conocemos. Esta concepción pone el acento en los aspectos observacionales de la conducta, bien entendida como conducta simbólica, lo que supone, ya de entrada, tener en cuenta porciones extensas del comporta­mien­to, fragmentos de historia o, más aún, la búsqueda de totalidades. Existen contenidos internos pero, como dice Vygotsky, las funciones psicológicas no deben ser explica­das en base a las relacio­nes orgánicas internas (regulación), sino en términos externos: en psicología no hay estructuras naturales sino constructos. Cualquier función psicológica superior es externa, social, antes de convertirse en interna; antes de convertirse en función era la relación social entre dos o más personas. El desarrollo no se dirige a la socialización sino hacia la individuación de las funciones sociales.

Una visión más actual de la estructura que forman los objetos internalizados junto con los fragmentos del yo, en el modelo de Fairbairn, consistiría en proponer que lo que se interioriza no son, desde luego, imágenes, pero tampoco objetos ni relaciones de objeto, sino esquemas de acción disponibles para su actualización en cualquier momento, incluso en la relación del sujeto consigo mismo. Symington en lugar de “objeto interno malo” prefiere decir “experiencia psíquica activa mala reprimida”; aunque sea una expresión más pesada, es más exacta. Su crítica por el uso de la palabra “objeto” se extiende también a Melanie Klein y a los demás teóricos de las relaciones objetales. Mi conclusión dice: El psiquismo son esquemas de relación formados en interacción dialéctica con nuestro entorno.

3 comentarios:

Frank García-Castrillón dijo...

Enhorabuena Carlos por el nuevo blog!

Para mí la pregunta no sería ¿Existe un aparato psíquico? sino ¿Es necesario recurrir a un concepto teórico (por tanto no observable ni tangible ni medible, sino fruto de la inferencia) para acercarnos a comprender de la naturaleza del funcionamiento mental? Mi respuesta sería: sí.

Al igual que ocurre en otras ciencias, como la mismísima Física: jamás he observado la "masa" de un objeto, ni he encontrado en mis bolsillos algo como "aceleración"; nunca he observado mi propia "gravedad" como "fuerza" que me "presiona" hacia el centro de la tierra.

Querámoslo o no, necesitamos hacer inferencias sobre los procesos y conductas que observamos y utilizar conceptos teóricos para explicarlos.

Nunca he visto a una persona "simpática" sólo he inferido su "simpatía" de observar cómo me sonríe. Concebir la simpatía como un hecho observable es como tratar al aparato psíquico como objeto observable. Nuestras inferencias son tan necesarias para comprender y actuar ante el mundo que difícilmente nos podremos sustraer a ellas.

Además, pensamos en imágenes. Quizá no fuese posible "pensar sobre" nuestro funcionamiento mental sin imágenes que nos lo faciliten, como la de un "aparato psíquico". Como dices, quizá jamás podamos renunciar a las metáforas. Pinker nos lo señala en uno de sus últimos libros.

Casi podríamos decir que vivimos metafóricamente. La metáfora, que ha sido tan denostada en ciencia como vía de explicación de lo que de otro modo resultaría prácticamente imposible comprender. Y ahora nos revela la psicología cognitiva más reciente, que la metáfora no sólo es un recurso literario, es un modo que utiliza la mente para PERCIBIR la realidad. Los problemas para la explicación en psicología se nos están "amontonando"!; ups... perdón... jamás he visto a un problema formar un montón junto con otro. Pero la mejor forma que tengo de expresar mi sentimiento sobre la problematización en la teorízación psicológica ha sido esta vía metafórica. Al final de tu comentario señalas "el psiquismo son esquemas de relación..." Y yo me pregunto "si el psiquismo "es" se le presupone una cierta esencia con deseos de existencia; pero yo jamás he visto un "psiquismo" ¿Seguimos con esta "bola de nieve"?

En fin... Carlos, gracias por esta invitación pública al diálogo y al contraste de ideas. Una idea genial que espero que continúe.
Un abrazo,

Dr. Carlos Rodríguez Sutil dijo...

Estimado Frank,
Estamos de acuerdo en que no podemos vivir sin metáforas... pero hay metáforas y metáforas. Decir que una persona es simpática significa que se comporta de manera simpática en la mayoría de las ocasiones en las que la hemos visto (luego nos tocará definir "conducta simpática" pero de momento espero poder ahorrármelo). En cambio expresiones como "pulsión" o "aparato psíquico" tiene un sostén observacional muy tenue y, lo que es más importante, son deudoras de una epistemología intrapsíquica. En la práctica esto se traduce en que el lenguaje psicoanalítico clásico favorece la idea de que la patología nace y se desarrolla solo en el individuo y allí es donde debe ser enfrentada, con el riesgo de que, en algunos casos, eso puede haber llevado a culpabilizar - más aún - al individuo por sus conflictos y no buscar la adecuada influencia del medio. Lo que cura (y lo que enferma), desde el psicoanálisis relacional es la relación. Expresiones como "aparato psíquico" no me gusta porque me parece que cosifican en exceso y por eso es bueno recordar que con lo que tratamos es con personas. A parte de todo, tu mantienes que es una expresión útil sobre la que no hay que debatir si existe o no. Analistas más ortodoxos, o más ingenuos, con los que he tratado este asunto, me han respondido bastante ofendidos que cómo se me ocurría dudar del aparato psíquico, evidente de por sí. Tampoco he visto nunca un estímulo.

Frank García-Castrillón dijo...

Hola Carlos,
Estoy muy de acuerdo contigo. Sólo una anécdota muy parecida a la tuya: Un día le pregunté a un reputado analista Kleiniano por qué Klein estaba convencida de la existencia de una pulsión de muerte y el analista me respondió: Porque es evidente! a lo que añadió: las hipótesis fundamentales de un paradigma están fuera de toda duda. Esto me "estimuló" para seguir con mi tesis sobre la pulsión de muerte, que "evidentemente" no existe!! ni sirve para explicar los hechos clínicos de forma plausible. Hasta pronto Carlos!