lunes, 20 de febrero de 2012

LA DEPENDENCIA EN PSICOTERAPIA



Abro la puerta y entra de nuevo la paciente imaginaria. Después de los típicos saludos, nos sentamos en cómodos sillones, cara a cara pero un poco en ángulo – aunque algunos pacientes mueven el sillón a su antojo y a veces lo adelantan – y le hago mi pregunta habitual:

T: ¿Qué tal?.
C: Bien, gracias. El último día quedamos pendientes de que me contara cuáles son los motivos que traen a las personas a su consulta. Yo tengo claros mis motivos… sí, usted dirá que esos son los motivos conscientes, pero de momento me sirven… lo que le…
T: ¿Volvemos al “usted”? Si se siente más a gusto yo no tengo inconveniente.
C: No, prefiero el tuteo. Quería decir que una de las cosas que más me desagradan de la psicoterapia es la dependencia que el paciente normalmente siente, de ella o de su terapeuta. Tengo amigos que llevan muchos años en terapia, a los que no he visto mejorías apreciables y que se sorprenden cuando les pregunto por qué siguen todavía pero que, a mi entender, no me pueden dar una respuesta convincente. Esto me recuerda incluso a las sectas.
T: No tengo noticia de que los líderes de sectas hayan captado a sus seguidores a través de la psicoterapia; y utilizar este método no me parece imposible, pero sí improbable. La dependencia es un riesgo que yo también tengo presente y que de hecho me repele, pues creo que en ocasiones ocurre y, aunque a mi entender son pocas, eso no impide que sea causa de ofrecer una mala imagen de la psicoterapia, aumentando la resistencia por parte de algunas personas que se podrían beneficiar de un tratamiento. Pero conviene que empecemos desde el principio y hagamos precisiones muy relevantes. El que algunas terapias se alarguen en exceso no quiere decir que la psicoterapia, por principio, sea dañina en esos casos. Ciertamente hay personas que por sus trastornos, inmadurez o dificultades requieren una atención psicoterapéutica muy prolongada, incluso de por vida, lo mismo que, salvando las distancias, hay enfermedades crónicas que requieren un tratamiento permanente. Por otra parte, aunque no sea deseable alargarlo en exceso, tampoco hay que dramatizar el hecho de que alguien hable con una especialista en comportamiento humano una o dos sesiones a la semana. Como ya dije en la anterior entrevista, esto sólo es la excepción. Una terapia, siguiendo mis parámetros, no se prolonga más allá de cinco o seis años, normalmente menos, pero que cada profesional establezca sus límites. Ahora bien ¿se produce dependencia de la terapia o de la terapeuta durante ese tiempo? Entiendo que sí, pero que ese fenómeno es inevitable y tiene aspectos positivos.
C: Pero entonces la terapeuta tiene un poder tremendo que puede utilizar en perjuicio de su cliente. ¿Qué aspectos positivos le puedes ver?
T: Por una parte, creo que se exagera el poder de la terapeuta. Sería, pienso yo, semejante al poder que se atribuye a la sugestión o a la hipnosis. Habrás visto quizá una película muy divertida de Woody Allen, La Maldición del Escorpión de Jade, en la que un hipnotizador de feria sin escrúpulos se aprovecha de las personas que están en su poder para cometer todo tipo de atracos y fechorías. Esto puede ser una magnífica fuente de inspiración, como los fantasmas, por ejemplo, en la elaboración de argumentos literarios. Sin embargo, está demostrado que no se puede obligar a una persona en sueño hipnótico a que realice actos contrarios a sus principios morales. Ahora bien, la terapeuta se convierte con el paso del tiempo en una persona de gran importancia para la paciente, alguien que puede influir en sus decisiones en uno u otro sentido. Se trata de una cuestión paradójica pues, fíjate, que precisamente de lo que se nos acusa a los terapeutas es de no expresar nunca nuestra opinión o, incluso, de limitarnos a escuchar a la persona sin decir nada. Yo sí expreso algunas veces mi opinión, pero siempre subrayando que esto no puede sustituir las decisiones autónomas de la persona.
C: ¿Y tus pacientes llegan a depender de ti?
T: Prefiero pensar que no dependen tanto de mi como de la psicoterapia, que es una tarea común. En ese sentido, cierto nivel de dependencia me parece algo positivo para la evolución del tratamiento. Cuando alguien manifiesta su reticencia le comento que mi profesionalidad me obliga a no obtener ningún beneficio adicional de esa dependencia y que intentaré que dure sólo lo imprescindible. Estoy convencido de que la mayoría de colegas actúan según el mismo criterio. Y la inmensa mayoría de los pacientes, con el coste económico y de tiempo que supone, si continúan una psicoterapia es porque están obteniendo resultados positivos, como supongo que les ocurrirá a esos amigos tuyos. Me permito enunciar ahora una interpretación, rogando encarecidamente que no se pretenda generalizar la misma a todos los casos y momentos, pues debemos ser cautos en la utilización de interpretaciones fuera del contexto clínico. Quiero decir que a veces el rechazo de la posible dependencia en realidad lo que oculta es un temor a sacar a la luz aspectos, deseos o comportamientos que la persona rechaza y quiere, consciente o inconscientemente, mantener ocultos.
C: ¿Piensas que ese puede ser mi caso?
T: Si no fuera porque me estás entrevistando para aclarar algunas ideas respecto a la psicoterapia, en especial la psicoterapia de tipo relacional, esa sería una hipótesis de trabajo que estaría manejando, y subrayo la palabra hipótesis. Con esto quiero decir que a una paciente real, ya en la segunda entrevista, le habría rogado que me contara cosas de sí misma, empezando por el motivo que la trae a consulta. Y si insiste en su temor a la dependencia, entenderé que ese es uno de los problemas centrales de su dinámica personal y me ofrecería íntegramente como persona para ayudarla en su búsqueda. Me ofrezco íntegro con el compromiso de no dominar más allá de lo imprescindible, pero también para no ser dominado más allá del mismo margen. Quiero decir, por ejemplo, que hay muchas cosas que se pueden negociar pero también hay límites insuperables. No sólo económicos o temporales, sino también de rol. Explicar esto me llevaría mucho tiempo y tal vez ahora no es el momento. Si te parece nos veremos próximamente para hablar de los motivos de consulta.
C: La verdad es que preferiría que me hablaras de cuándo se considera que una terapia está acabada o completa.
T: Tengo la sensación de que te estás “resistiendo” a hablar de los motivos, pero dado el encuadre tan especial que preside nuestra relación estás perfectamente autorizada, al menos de momento.

2 comentarios:

Anónimo dijo...

Muy ameno y creativo el formato. AL PONERLO EN PREGUNTAS Y RESPUESTAS, CREO QUE SE "VENCEN" MEJOR LAS FAMOSAS RESISTENCIAS. sALUDOS, mARIA cAMPO

Dr. Carlos Rodríguez Sutil dijo...

Gracias, María. Me alegro de que te haya gustado.