miércoles, 11 de noviembre de 2009

¿DUALISMO O MONISMO? O ‘EL SUEÑO ES EL SUEÑO NARRADO’

En suma, que el hombre no tiene naturaleza, sino que tiene…historia.
Ortega (Historia como Sistema)



Ruego disculpas por ponerme hoy especialmente teórico, pero espero que a pesar de todo se me entienda.

¿Dualismo o monismo? En ocasiones se plantea esta dicotomía en el fragor de debates con los (pocos) amigos que se animan a entrar en estas alturas teóricas a las que, creo firmemente, es necesario acceder. La respuesta no es simple. Por principio los científicos – y Freud era un ejemplo extremado de ello - estamos en contra de la separación entre espíritu y materia. Sin embargo, creo que quedó claro el dualismo freudiano al referirme a las especulaciones sobre la telepatía, y en comentarios posteriores. Respecto al materialismo dogmático, el comentario para mí más clarificador lo encontré hace años en un libro de Alfredo Fierro, catedrático de personalidad en la universidad de Málaga:

Una vez que se renuncia a cierto materialismo histérico (sic: “histérico”, y no “histórico”), materialismo necesitado de afirmar enfáticamente hasta el aspaviento y el grito que no hay otra sustancia que materia, no sólo es más empírico, más acorde con la ciencia, sino también más “materialista”, o sea, realista, no postular sustancia alguna trascendente a las diversas propiedades, abandonar, en general, la distinción sustancia/propiedades, y adoptar la hipótesis de múltiples modos de la realidad material, que se manifiestan múltiples en la diversidad de sus fenómenos y de sus leyes. (1993, pág. 299)

El dualismo no me satisface, pero tampoco el monismo, y desearía que esta dicotomía pudiera disolverse. Creo que la realidad es una, es decir, un sustancia con diferentes modos como decía Spinoza - al que Fierro podría estar parafraseando - a la que se accede por diversos caminos para su comprensión y estudio. Pero, y esto me parece muy importante, lo que descubrimos a través de la neurología, o de la neurociencia, sólo es aplicable a la psicología de manera incidental y con prudencia. Por poner un ejemplo, nosotros diferenciamos grosso modo entre memoria procedimental y memoria enunciativa lo que nos permite acceder a modos de funcionamiento de la persona previos al mecanismo de la represión, si se quiere, pre-neuróticos. Ahora bien, en la tradición de la psicopatología dinámica esta distinción ya se realizaba, a mi entender, diferenciando las neurosis de carácter, lo que en lenguaje moderno denominamos trastornos de la personalidad. Si bien la biología, la sociología, economía, e incluso la física, pueden resultarnos instructivas y magníficas fuentes de inspiración, lo que a nosotros nos interesa es el significado de la conducta en el contexto de interacción humana, algo que nunca será reductible a las inervaciones somáticas ni a las vías neuronales, aunque la neurología y la biología posean mayor “prestigio” científico. Sólo desde esta perspectiva me considero dualista, el comportamiento humano no es reductible a la biología, y el método para explicarlo (o comprenderlo) es el contexto social de interacción, simbólica y emocional, en gran medida inconsciente.El materialista “histérico”, lejos de ser monista, tiene grandes posibilidades de haber traducido el dualismo clásico mente-materia, a alguna versión actual, y supuestamente monista, pero egocéntrica, del dualismo, como cerebro-conducta (neurociencia) o conciencia-conducta (psicología cognitiva).
La perspectiva egocéntrica, aunque la estemos describiendo y criticando desde la teoría del conocimiento, está enraizada en una forma de vida, esto es, una moral. Vamos ahora a meter un poco la cuchara en esta olla. Tal vez es tan difícil cambiar algunos paradigmas porque derivan de nuestras creencias éticas más íntimas. La inversión del universo que supone poner el yo antes que el nosotros, la conciencia antes que la realidad, la razón antes que la angustia, es el germen de todos los problemas epistemológicos posteriores a Sócrates. Nietzche señala a Eurípides y Platón, enemigos del poeta "desprovis­to de razón", y promotores de los dos principios paralelos en estética: "Todo debe ser conscien­te para ser bello", y en moral: "Todo debe ser consciente para ser bueno", cuyo parentesco con el lema freudiano “donde estaba el ello, el yo debe advenir” habrá que indagar alguna vez. Nietzsche caracteriza así esta postura moral:

“La virtud es la sabiduría; no se peca más que por ignorancia; el hombre virtuoso es el hombre feliz". Estos tres principios del optimismo son la muerte de la tragedia. Pues desde el momento que esto es así, el héroe virtuoso debe ser dialéctico; desde ese momen­to, entre la virtud y la sabiduría, entre la fe y la moral, es preciso que haya un lado visible y necesario...


Así se origina la ambición occidental de explicarlo todo desde la razón y de actuar siempre bajo su guía. Ambición que ha tomado muchas formas, pero cuyas expresiones extremas más recientes son el fisicalismo y el positivismo y, más en general, toda forma de determinismo. Implícita en el pensamiento moderno encontramos la separación radical de dos espacios (dentro-fuera), las famosas sustancias cartesianas. Para Wittgenstein el criterio que define el hecho de haber soñado es el sueño contado. Por ejemplo, los niños aprenden lo que es soñar por medio del relato de alguien, incluso de ellos mismos, de las vivencias que han experimentado mientras se hallaban dormidos. Carece de sentido la pregunta de si alguien que cuenta un sueño lo ha tenido realmente o sufre un trastorno de memoria. Algunos críticos acusan a esta postura de que el criterio que conduce a sinsentidos. Por ejemplo, dicen, parecería que no tienen sentido frases como 'Juan olvidó totalmente el sueño que tuvo la noche pasada'. Pero, afirmamos,¡es que realmente se trata de un sinsentido! Si Juan olvidó por completo su sueño no podemos siquiera especular sobre un sueño olvidado, no en mayor medida que en una paloma que vuela en el vacío, o en el puchero de monedas que se encuentra al final del arco iris. La pregunta de si esa proposición se entiende, o no, nos sirve de escasa ayuda, lo que tenemos que preguntarnos es qué podemos hacer con ella. Ahora bien, se puede oponer a esto que los científicos que han investigado el fenómeno del dormir hablan de los ritmos cerebrales alfa y beta y de los movimientos oculares rápidos (MOR) como criterios del sueño. Por lo demás, en la práctica se ha descubierto cierta relación entre dichos fenómenos y el informe de los sujetos que, al ser despertados, afirmaban estar soñando. Pero lo que no se aprecia es que al adoptar nuevos criterios para la palabra "soñar" los científicos están modificando el concepto. Y sus medidas, que no son otra cosa sino síntomas, no definen el sueño. Para terminar, el sueño es el sueño contado, aunque sea contado a mi mismo, pues en mi intimidad coexisten varias identidades que fueron - y siguen siendo – formadas en la interacción. Dicho de otra forma, el sueño no es un objeto sino un constructo, una narración desde el principio.