martes, 26 de febrero de 2013

¿LOS PADRES SON CULPABLES?

P- Hola, de nuevo. ¡Hola!


T- ¡Ah! Hola, ¿qué tal estás?

P- Bien… ¿estabas durmiendo?

T- Bueno… podría decir que estaba meditando con gran “profundidad”. La verdad es que me he convertido en mi mejor cliente de diván pues desde hace tiempo casi no lo uso en la psicoterapia, cada vez me parece más una posición artificial… Pero ¿qué se te ofrece?

P- Sí… te quería contar que una de las cosas que más me retienen ante la idea de hacer terapia psicoanalítica es eso de tener que remontarme por obligación a mi infancia y a la relación con mis padre. Francamente, me parece una pérdida de tiempo.

T- No te lo tomes como una obligación. Es algo que casi siempre sale de forma natural pues, como es obvio, nuestros orígenes tienen mucha importancia en lo que ahora somos, aunque no haya que tomarlo como un determinismo estricto, y en esos orígenes la figura de los padres – pero no sólo de ellos - desempeña un papel preeminente. Creo haber dicho ya aquí – y si no habrá sido en otro lugar, claro - que casi siempre una terapia exitosa - que ha funcionado bien y ha permitido que el paciente y yo experimentáramos nuevas vivencias - ha comprendido una fase más o menos larga en la que la persona se ha centrado principalmente en analizar actitudes y comportamientos de sus padres, muy a menudo de la madre, y que él (o ella) siente con dolor como injusticias que le han marcado.

P- Pero eso también me parece una postura cómoda, cuando no injusta. Ahora resulta que los padres tienen la culpa de todo.

T- Sí, algunas personas no dejan de responsabilizar a los padres de todos sus males. Es que me han hecho tanto daño que yo ya no puedo reaccionar. Eso es, como decimos nosotros, una resistencia y una clara adhesión a los beneficios secundarios. Pero si nosotros negamos la influencia de los padres también sería una resistencia… en fin, que nunca hay una salida de un dilema en abstracto. Quien acusa al entorno de todos sus males no suele acudir a terapia, o no dura mucho tiempo, puesto que la terapia no sirve para cambiar directamente al ambiente sino, cuando hay suerte, a la persona que acude a ella, y algo también al terapeuta. El medio puede ser el responsable del trastorno – malos tratos, catástrofes – y nuestro modo de intervención siempre tiene que basarse en la comprensión de esas circunstancias, o en la empatía hacia la persona. Pero muy a menudo estas personas que han sido menospreciadas o han recibido alguna forma de maltrato, no se les ocurre acusar a los padres de haber hecho nada malo o incorrecto, y cuando se les ocurre se lo callan para no sentirse injustos, desagradecidos, traidores.

P- ¿Entonces los padres son culpables?

T- ¿Hay realmente alguien culpable? Estamos en una sociedad de la culpa, al menos en una en la que se habla mucho de la culpa, sobre todo para atribuirla a otros: errar es humano pero más humano es echarle la culpa a otro. Y cuando me la apropio es desde una irrealidad tan manifiesta que públicamente estoy mostrando que eso, eso, no es mío, y así voy a “disfrutar” sufriendo cuando me digas que yo no soy culpable de “eso” y voy a gozar… negándome a aceptar lo que me dices. Pero esto es materia para otro articulillo sobre la depresión… Los padres no son, salvo raras excepciones, culpables – los hijos tampoco – puesto que hacen lo que creen justo y conveniente. Ya sabemos que de buenas intenciones está el infierno empedrado, el infierno son los otros y “me duele a mi más que a ti”, y “te castigo por tu bien”, o “tú disfruta ya que yo no puedo”, hay muchas frases dañinas, y otras actitudes que no se expresan verbalmente. La terapia en este sentido se realiza como una labor de vaivén, primero indagando las “culpas” paternas, después recuperando las cosas buenas.

P- Se puede ser un padre o una madre perfectos.

T- No tenemos que ser perfectos tenemos que ser… auténticos, si todavía se puede utilizar esa palabra un poco desgastada. Decía Freud que educar, gobernar, psicoanalizar son profesiones imposibles, y yo añado la “profesión” de padre, o madre, también. Las otras tres con toda seguridad son imposibles por lo que tienen en común con la de ser padre. Tradicionalmente se ha pensado que esas tareas consisten en alguien (padre, maestro, gobernante, analista) que hace algo a alguien, o con alguien (hijo, alumno, gobernado, paciente). Pero estas funciones en realidad sólo funcionan si se toman como una tarea común, es decir, si introducimos la interacción, el diálogo, que no debe identificarse con la confusión de roles, son dos o más los hacen algo para todos, aunque durante un tiempo parezca que una de las partes sale más beneficiada o está más necesitada. Cuando el hijo se trastorna, el alumno no aumenta sus conocimientos y destrezas, el ciudadano se altera y el paciente no mejora… debe considerarse el fracaso por ambas partes.

P- Parece que estás inspirado… aprovecho para pedirte la definición del buen padre-madre-maestro-maestra-gobernante-analista.

T- No te creas que es tan sencillo, pero bueno, las palabras a veces son útiles aunque con ellas se dibuje una paradoja. Mi consejo es: Un padre que sea ciego en el cariño pero no en la observación de los defectos y en la exigencia moderada de una adecuada actitud de superación en el hijo, y en sí mismo. No que no tenga errores, sino que sepa reconocerlos.