sábado, 3 de octubre de 2015

AFECCIÓN NORMÓTICA, PERSONALIDAD NORMÓTICA Y NORMOPATÍA

El concepto de “normótico”  - introducido por Joyce McDougall (1978) y por Christopher Bollas (1987) con ligeras variantes - se está generalizando para referirse, según yo entiendo, a un ajustarse automático  y acrítico a la norma. Se habla de la atenuación y desaparición de la propia subjetividad, sustituida por un yo presentado como un objeto material más de intercambio en el libre mercado. Me parece, no obstante, que comparte campo semántico con otros términos que se han utilizado y se siguen utilizando, como: alienación, enajenación e inautenticidad. Alienación y enajenación traducen la Entfremdung de la teoría marxista, en tanto la autenticidad y su opuesto (Eigentlichkeit y Uneigentlichkeit) son los términos introducidos por Heidegger. En este ámbito hay que situar también las aportaciones de Winnicott sobre el “falso self” (1965), Helen Deutsch (1965) sobre la personalidad “como sí”, o el concepto de futilidad de Fairbairn (1940) sobre los trastornos esquizoides, a los que me he referido en varias ocasiones. Kohut (1984, p. 22) introduce el término “oquedad” (hollowness) en relación con las organizaciones encubiertamente psicóticas de la personalidad. Como se ve, se trata de un asunto que muchos han tratado (la lista se podría hacer interminable), cada uno a su manera, y a menudo sin tener en cuenta otras aportaciones pero que, por otra parte, quizá todavía está necesitado de profundización.
Erich Fromm (1974), hace años, hablaba de “conformidad automática” y ponía el ejemplo de los guardianes de campos de concentración que, cuando estaban a punto de llegar los aliados, decían no temer nada porque, al fin y al cabo, ellos lo único que habían hecho era obedecer órdenes. La explicación de Fromm es compatible con la banalidad del mal descrita por Hanna Arendt (1966). El mayor riesgo no es el malvado que conscientemente hace el mal sino el burócrata que actúa desde la futilidad de toda destrucción. Muchos rechazaron su tesis, sobre todo víctimas, porque no hay nada más destructivo que sufrir sin poder identificar un responsable consciente del daño que inflige.
Parte de las dificultades que surgen a la hora de definir este concepto proceden de que:
·        la frontera entre el falso yo y el yo verdadero, borrosa. Nadie puede afirmar estar ajeno a cualquier forma de impostura o falta de autenticidad.
·        la propia definición del yo, “objeto” proteico y huidizo, que siempre está donde no debe.
Todos somos inauténticos en algún punto, todos ocultamos en alguna medida nuestra angustia primitiva, psicótica, que yace en el fondo cenagoso. Todos estamos amenazados por la escisión de la soledad, peor que la muerte. Ante eso, lo mejor es, siguiendo el consejo de Hume, dedicarse a comer y beber con los amigos, es deseable poder añadir a la familia en ese círculo y, si no es suficiente, acudir a un terapeuta acogedor.

Arendt, H. (1963). Eichmann en Jerusalén. Sobre la banalidad del mal. Barcelona: Lumen, 1999.
Bollas, C (1987). La sombra del objeto: psicoanálisis de lo sabido no pensado. Buenos Aires: Amorrortu.
Deutsch, H. (1965). Some forms of emotional disturbance and their relationship to schizophrenia (“as if”). In Neuroses and Character Types. Nueva York: International University Press.
Fromm, E. (1974). Anatomía de la Destructividad Humana. México: Siglo XXI, 1975.
Kohut, H. (1984), How Does Analysis Cure? Chicago: University of Chicago Press.¿Cómo Cura el Análisis? Buenos Aires: Paidós, 1986.
McDougall, J. (1978). Plea for a measure of abnormality. Nueva York: International University Press.

Winnicott, D. W. (1965). "Ego distortion in terms of true and false self". In The Maturational Process and the Facilitating Environment: Studies in the Theory of Emotional Development (New York: International Universities Press, Inc. Los Procesos de Maduración en el Niño y el Ambiente Facilitador. Buenos Aires: Paidós, 1993.