martes, 4 de noviembre de 2014

Martin Heidegger. Seminarios de Zollikon. México: Herder, 2013.


Martin Heidegger. Seminarios de Zollikon. México: Herder, 2013.
Comentario de Carlos Rodríguez Sutil

Debemos alegrarnos de la publicación por parte de la editorial Herder en México de este importante libro del filósofo alemán, a mi entender el más importante del último siglo junto con el, por otra parte tan diferente, vienés Ludwig Wittgenstein. Aprovecho la ocasión para reelaborar algunos breves comentarios sobre dicho libro que se contienen en mi recientemente publicada Psicopatología Psicoanalítica Relacional. Martin Heidegger (1987) impartió los llamados Seminarios Zollikon entre 1959 y 1969, de manera un tanto dispersa, ante un auditorio de psiquiatras. Zollikon es una localidad suiza donde habitaba Medard Boss, psiquiatra suizo que se puso en contacto con Heidegger en la posguerra y publicó varios trabajos sobre análisis existencial.
Esta es la ocasión en la que el polémico pensador alemán más se ha ocupado del psicoanálisis, de psicoterapia y de psiquiatría. Entre otras cosas, juzga que la metapsicología freudiana es inaceptable porque, en primer lugar, transfiere la teoría kantiana de la objetividad al estudio del hombre y, en segundo lugar, somete dicho estudio al paradigma de las ciencias naturales. Debido al primer movimiento, se produce una objetivación inaceptable de la historicidad humana, tomando al hombre simplemente como algo a la vista o presente (Vorhanden: como una realidad efectiva, o Wirklichkeit). Por el segundo movimiento, se naturaliza al hombre como si fuera un proceso causal. El psicoanálisis no da la historia del ser humano concreto sino una cadena de causas naturales. Heidegger insiste en que el conocimiento producido por las ciencias naturales en nuestro mundo tecnificado no conduce a un futuro mejor ni, desde luego, a la liberación del hombre sino más bien a su autodestrucción sin límites.
Los hallazgos de Freud, que son reconocidos – como son los mecanismos de proyección, introyección, identificación, regresión y represión – deberían ser reinterpretados a la luz de una analítica existencial y se corresponden con una ontología regional. Se concede así gran importancia al descubrimiento de que los seres humanos enferman debido a relaciones traumáticas con otros seres humanos. Estos acontecimientos traumáticos deben ser tratados como casos del “ser con los otros” existencialmente interpretados, no como efectos en el sujeto de su modo de relacionarse con los objetos. Subraya igualmente el descubrimiento freudiano de que los trastornos psíquicos pueden ser curados a través de la relación de los pacientes con otros seres humanos – los terapeutas – pero, matiza, como un modo particular de estar con los otros, no a partir de conceptos como el de “transferencia”. No alude Heidegger en ningún lugar a la situación edípica, y considera que la teoría de las tres instancias no nos ofrece en realidad más que otros nombres para los tres conceptos centrales de la subjetividad según Kant; sensibilidad, entendimiento y razón (o ley moral).
Para la nueva práctica de la medicina debe ser creada una nueva antropología. La antropología científica daseinanalítica sería aquella disciplina dedicada a la tarea de producir presentaciones interconectadas de fenómenos demostrables a nivel óntico del Dasein socio-histórico individual. “Óntico” quiere decir dirigido al ente o a los entes concretos, frente al concepto más general y abstracto de lo “ontológico”. La antropología daseinanalítica es un “ordenamiento sistemático” de interpretaciones y experiencias obtenidas mediante el método hermenéutico. Se trata de una nueva antropología que en la época de Zollikon todavía esperaba a ser creada, que incluiría tanto una antropología normal como una “patología daseinanalítica”. El científico guiado por estas nuevas ideas observará e interpretará las formas humanas concretas de ser como manifestaciones de la estructura subyacente del Dasein, y no para elaborar “suposiciones” (metafísicas o metapsicológicas) sobre entidades ocultas que explicaran de manera causal estos mismos fenómenos, como si de acontecimientos naturales se tratara. Debe ser una ciencia descriptiva, no constructiva ni hipotética. Puesto que la vida del individuo es esencialmente un fenómeno histórico, y el tiempo existencial es circular, la comprensión deberá describir un movimiento también circular. Como decía Ortega –antecedente y seguidor del pensador alemán - : “el hombre no tiene naturaleza, sino que tiene historia”.
El Daseinanálisis de Medar Boss o de Ludwig Binswanger ha producido descripciones minuciosas y de gran valor sobre las vivencias de los pacientes y su forma peculiar de estar en el mundo, pero acaso demasiado centradas en el individuo. Sus interesantes aportaciones no profundizan en los fenómenos surgidos en la relación terapeuta-paciente, en la misma dimensión que lo hace el psicoanálisis relacional y, anteriormente, la escuela inglesa de las relaciones objetales y la teoría del apego: Fairbairn, Winnicott, Bowlby. Quizá tampoco sea deseable abrazar sin reparos la versión hermenéutica del psicoanálisis, excluyendo todo influjo directo de la realidad extranarrativa – permítaseme dar por supuesto que exista dicha realidad - por una doble razón. En primer lugar, cada vez se da menos importancia a la interpretación como tal, mientras que el estudio de los aspectos relacionales en la situación analítica ocupa un lugar más destacado. Por otra parte, el enfoque relacional, ya incluso desde sus orígenes en la teoría de las relaciones objetales, otorga mayor relieve a las experiencias negativas tempranas, procedentes del ambiente, que han producido la patología, lo que supone una recuperación parcial de la teoría traumática - recuperación que ya comenzó Sándor Ferenczi (1932) - y un interés creciente en la investigación sobre el desarrollo infantil temprano, puesta de gran actualidad a partir de la obra de Daniel Stern (1985), entre otros. Sin embargo, la narración a la que aspira la terapia no es una mera creación intrasubjetiva del paciente sino que habrá de integrar significativamente esas situaciones traumáticas y esos influjos iniciales del desarrollo, que se articulan no sólo como contenidos reprimidos sino también forman la estructura de nuestra propia constitución, de nuestro ser corporal y nuestros hábitos. Zeljko Loparic (1999) señala algunos aspectos de la concepción de Winnicott que se apartan del pensamiento naturalista – es decir, de la metapsicología - y lo convierten en un constructor desconocido – quizá hasta para sí mismo – pero fecundo del Daseinanálisis. Su idea - la de Winnicott - sobre el hombre y su proceso de convertirse en persona no sólo difiere de la de Freud sino también del modelo metafísico tradicional. En la metafísica tradicional no tiene sentido hablar del hombre como un lugar en el que tiene lugar el ser y reemplaza al no-ser. Desde Platón – comenta Loparic - sólo se ha hablado del no-ser via negationis, considerándolo como una privación de ser, sin conceder al no-ser una dimensión original independiente. Winnicott, en cambio, concibe al ser como surgiendo de la nada y no como siendo creado a partir de la nada, porque la idea de creación preserva la preeminencia del ser o de la presencia sobre no-ser y la ausencia. Forma de pensar post-metafísica. La identidad infantil surge de la relación simbiótica con la madre – donde la madre también obtiene su identidad en tanto que madre - y no viene prefigurado en la genética.