jueves, 27 de septiembre de 2012

LA MATERNIDAD



P- Bueno, pues aquí estamos.


T- ¿Y por dónde piensas que irá la cosa en este nuevo curso?

P- ¿La cosa?

T- Sí, que qué aspectos te apetece trabajar en la psicoterapia a partir de ahora, qué crees que te falta por elaborar, cuál es el deseo que le pedirías al genio de la lámpara.

P- Para plantearte el tema de hoy, aunque espero que básicamente respondas a mis preguntas – como en ocasiones anteriores – voy a hacerme pasar por una paciente del todo. O, como dice el tópico “voy a hablar de una amiga mía”. Dos puntos. Sabes que yo vine aquí porque tenía problemas con mi familia y durante los últimos meses me he dado cuenta de que mi auténtico problema, actual y real, es la relación con mi marido. Este verano hemos discutido sobre la cuestión de tener hijos o no.

T- Tú quieres tener y el no.

P- Exacto.

T- A veces el auténtico motivo de consulta no sale hasta pasado un tiempo, cuando la persona ha tomado confianza o cuando se han resuelto otros problemas menores. Tú eres joven pero ya hace tiempo que pasaste de los treinta. Voy a intentar explicar algo que a menudo ha provocado muchos malentendidos y discusiones interminables. En estos tiempos en que la mujer no está limitada al papel de ama de casa – aunque a menudo le toque realizar una doble tarea – hay mujeres que deciden no tener hijos. Aquí hago un paréntesis. Me parece de un “feminismo”, o “buenismo”, trasnochado, la idea de que los hijos los da a luz la pareja, y me repatea la expresión “estamos embarazados”. La que carga con el feto y a la que realmente le duele parirlo es a la mujer – y si ya no duele, eso no quiere decir que se vaya de rositas – y el marido responsable está al lado dando su apoyo, pero no le duele. Por mucho que es importante el apoyo de la pareja, la vivencia de la maternidad y la de la paternidad son, a mi entender, incomparables. Me encanta una frase que le oí una vez a una catedrática de psicología: “la maternidad es un hecho mientras que la paternidad es una inferencia”. Una vez dicho esto, que puede ser motivo de debate en otro momento, afirmo, con precaución, que no es obligatorio que una mujer tanga hijos para desarrollar una vida plena y equilibrada. Además los hijos entorpecen sin duda la carrera profesional. Pero, desde luego, no se trata de un tema baladí que se pueda solventar de paso, sino que requiere meditación para aclarar los propios sentimientos. Frente a “la envidia del pene” de la que hablaba Freud, yo creo que existe en el hombre – y aún en la mujer - una “envidia de la maternidad” no menos potente.

P- ¿Y tanta importancia tiene?

T- Según mi experiencia, en la mayoría de las mujeres sin hijos de entre treinta y cuarenta años que he atendido hasta la fecha, este era un asunto de fondo principal, ya fuera explícito al principio o no.

P- ¿Y tú que recomiendas?

T- Por mucho que la orientación psicoanalítica en la que me encuadro no rechaza por prejuicios ortodoxos la manifestación de opiniones, cuando ello es necesario, en este caso concreto, como en muchos otros, no podemos correr el riesgo de suplantar la decisión propia de la persona. Por ello, el único consejo que puedo dar es el de que la mujer – en consenso con su pareja o sola - debe tomar sus decisiones de forma consciente y meditada. Pero, si estamos de acuerdo en el hecho que en la maternidad está implicado el cuerpo de la mujer, la decisión debe ser principalmente suya, aunque se consulte - ¿cómo no? – con la pareja y se tenga en cuenta la opinión de la otra persona y se busque su colaboración para una paternidad responsable… Sin embargo, el vínculo conyugal en nuestra sociedad, afortunadamente, puede disolverse, pero la relación materno-filial no – la paterno-filial tampoco pero no tiene la misma esencia.

P- No me convencerás del todo con tus argumentos mientras no me expliques esto cómo se come con las parejas que adoptan y, sobre todo, cuando ambos son del mismo sexo.

T- Pues mi experiencia en adopción es bastante limitada, así que con lo que voy a decir a continuación no me siento tan comprometido. Creo que es una situación diferente y más compleja en algunos sentidos que la parentalidad derivada del hecho biológico. Supongo que todo el mundo está de acuerdo en que la adopción busca, sobre todo, solventar las carencias de atención, cuidados y, más en general, de reconocimiento e identidad por parte del niño o niña que en la práctica carece de padres, y que por muy bien que vaya es una solución a un grave problema de partida. En cualquier caso, pienso que la relación que se produce con la pareja de adopción puede ser fantástica, necesaria, y plena, pero siempre con el condicionante de los orígenes biológicos del hijo o hija, y las vivencias tempranas de abandono o desatención, que habrá que intentar resolver de la mejor manera posible. Dicho de otra manera, la adopción realizada desde la plenitud personal – y no para compensar carencias propias – es admirable pero es otra cosa. Los roles materno y paterno son flexibles y en gran medida difusos e intercambiables, pero mientras el primero tiene una raíz biológica innegable, el segundo es puramente cultural…

P- Pero existe la prueba de ADN.

T- Fruto de la cultura científico-técnica, pero en los siglos pasados ya se había definido el rol paterno por la cultura tradicional. Se han descrito pueblos y culturas aisladas, en las que se desconocía el mecanismo de la fecundación, o causalidad genética. Por otra parte, sospechamos que el concepto de paternidad no se establece hasta la fundación de las sociedades sedentarias, agrícolas y ganaderas.

P- Esto ya se parece demasiado a una clase magistral.

T- Sí, perdona. Básicamente creo que ya he dicho lo que quería decir. Resumiendo, que la maternidad es una capacidad que tiene la mujer y que puede hacer efectiva o no pero esa decisión, como toda otra en esta vida, tiene sus costes. A veces decidir que no es una expresión de libertad y equilibrio, otras, en cambio, tiene que ver con el temor a las propias carencias físicas o mentales o con falta de apoyo por parte del grupo. La gran dispersión individual que vivimos en Occidente, los requisitos de crianza y educación – desde el gasto en pañales, a los gastos escolares y la adquisición de material informático y ropa de marca – han llevado a que las parejas mayoritariamente tengan dos hijos, uno o ninguno. Pero ese es tema para otra conversación.

P- No estoy de acuerdo con todas tus opiniones pero creo que me pueden servir para orientar mi propia decisión… o, mejor dicho, para ayudar a mi amiga.