martes, 12 de junio de 2012

HERENCIA Y AMBIENTE

Estoy medio hipnotizado observando un brillo de la butaca en frente de mi. Al cabo de unos segundos el aire parece ir condensándose en una nube hasta solidificarse con la forma de mi paciente imaginaria, que ya parece haber tomado confianza y no necesita llamar a la puerta. “Buenas tardes”, dice, y yo asiento con el gruñido famoso.



P- Supongo que puedo preguntar cualquier cosa que esté en relación con la psicoterapia.


T- Evidentemente.


P- Yo personalmente me siento inquieta cuando leo o escucho razonamientos que vienen a decir que la psicoterapia es el tratamiento de elección para todos los trastornos, psíquicos u orgánicos. Eso me hace pensar en los charlatanes que pregonan su ungüento amarillo, sanador de todos los males. ¿Qué es lo que piensas al respecto?


T- Opino que la psicoterapia es aplicable en muchos casos, en aquellos que son predominantemente psíquicos, en los que la relación desempeña un papel fundamental, pero también en muchos trastornos claramente somáticos la psicoterapia puede ser de ayuda al paciente en el malestar mental provocado por la enfermedad. La teoría de los humores de Hipócrates y Galeno ya era un intento justificado por demostrar que relaciones había entre los hábitos, los estilos de comportamiento y la manera de enfermar. Lo que nunca se me ocurrirá es decirle a una persona que ha recibido el diagnóstico de cáncer que abandone todo tratamiento médico y acuda solo a psicoterapia.


P- Pero, y dicho un poco como abogado del diablo, yo he leído en un blog tuyo que estás en contra de la separación de alma y cuerpo, según dices, omnipresente desde Descartes. Eso no nos llevaría a pensar que desde el espíritu se puede influir ilimitadamente en la materia y que, por tanto, una psicoterapia puede curar, sino todas las enfermedades físicas, sí la mayoría.


T- Pues no. Cuando el gran filósofo Baruch de Spinoza, a quien supongo no hará falta presentar, dio una versión monista de la sustancia, dijo, en su lenguaje, que espíritu y materia eran dos modos de una única sustancia: Dios, es decir, la naturaleza; pero no que uno de los modos prevaleciera sobre el otro. No me pongas ese gesto burlón, aunque pueda parecer pedante, estoy convencido de que la mayoría de nuestros problemas teóricos en psicología son conceptuales, es decir, filosóficos, y que las mayores barrabasadas se hacen invocando filosofías “erróneas” – no me gusta esa expresión pero ahora no me meteré en ese jardín –. En este caso concreto, aunque confío en que ese tipo de consejos no se hayan dado muchas veces (“deja el tratamiento y haz psicoterapia”, cuando no “si sigues la auténtica fe, nada debes temer”, o “un buen tratamiento vegetariano cura todos los males”) cuando ha sido así, el daño provocado puede haber sido terrible. Podemos llegar al extremo patético de responsabilizar a la persona de haber contraído una enfermedad física o de dejar la explicación tan ambigua que sea la propia persona la que llegue a esa conclusión.


P- Pero el estado de ánimo influye, ¿no?


T- Sí, se sabe que cuando sufrimos un grave estrés o un traumatismo somos más frágiles y vulnerables a muchas enfermedades, por ejemplo, infecciones. Hay de hecho una rama de la neurología en fecundo desarrollo que se llama “psiconeuroinmunología”. Pero no veo contradicción entre esto último y mi idea de que el ser humano es una unidad – dentro de las redes interpersonales – en la que se pueden distinguir aspectos más bien comportamentales y otros más físicos, sin que haya una frontera nítida entre uno y otro lado. Mi mente domina, hasta cierto punto, mi organismo; puedo decidir ir aquí o allá, si bien a menudo desconozco las motivaciones últimas de mis actos. Lo que no puedo hacer es decidir ir hacia allá volando, pues no cuento con esa capacidad física, salvo que vaya en avión, claro.


P- Pues no sé si habrás oído que en Francia están enfrascados en un terrible debate sobre el tratamiento de los enfermos autistas. Parece ser que las asociaciones de padres y otros profesionales están acusando formalmente a los psicoanalistas, escuela mayoritaria en la salud mental francesa, de aplicar tratamientos inútiles y de culpabilizar a los padres, en especial a las madres de estos pacientes, de no haber recibido al hijo con el afecto adecuado.


T- Bueno, me cuesta trabajo creer que los colegas franceses mayoritariamente hayan pretendido “culpabilizar” a las madres de provocar este grave trastorno en sus hijos. Sin embargo, si la teoría clínica incide en que el factor principal es la actitud afectiva de la madre en el momento del nacimiento, o incluso antes, es comprensible que muchas se hayan sentido injustamente acusadas. Esto me recuerda el término que hace años se acuñó para explicar la esquizofrenia, que es el de “madre esquizofrenogénica”. A parte de sonar muy mal, considero que incurre en un grave error conceptual.


P- ¿Es que un mal ambiente familiar no provoca graves trastornos en el niño o niña?


T- Pues sí, un ambiente de carencia emocional y material provoca graves trastornos en el desarrollo, y es “fácil” producir un depresión anaclítica y otros trastornos. Sin embargo, puedo decir que he visto varias familias de pacientes esquizofrénicos – con el autismo no tengo experiencia - y en muchas de ellas no he podido detectar ninguna grave alteración de las que supuestamente deberían producir ese trastorno. Siempre se puede argumentar la existencia de factores más sutiles y de difícil captación, pero entonces, ¿qué familia se vería libre de esos factores?


P- ¿Eso te lleva a una postura geneticista?


T- Este tipo de dicotomías son falsas y traen consigo la aparición de posturas extremas y dogmáticas. Lo mismo que desde la psiquiatría biologicista – y digo “biologicista” y no “biológica” - se ha afirmado y se sigue manteniendo que toda enfermedad mental es una enfermedad del cerebro, e imagino al colega acompañando su frase de una mirada de conmiseración, cuando no de desprecio, hacia los “psicólogos” que nos dedicamos a la psicoterapia; desde el lado contrario también se mantiene con cierta frecuencia que todo trastorno procede de una mala vivencia, problema relacional o ambiente alterado. En este caso me parece que ni una postura ni otra es la correcta.


P- La virtud está en el centro.


T- No siempre, a veces conviene ser radicalmente extremista, por ejemplo en la crítica del psicoanálisis cartesiano y la separación de las dos sustancias. Y en el debate herencia-ambiente no creo que lo adecuado sea situarse en un punto intermedio, pues me parece una dicotomía mal planteada. Los dogmas nos dan seguridad pero al mismo tiempo tapan nuestro desconocimiento, o más bien es por eso por lo que nos dan seguridad. Fuera de prejuicios psicologicistas, estoy convencido de que en las psicosis actúa un factor heredado fundamental. A pesar de todo, la intervención psicológica con los pacientes y las familias debe considerarse en esos casos también imprescindible. Del autismo en concreto tengo la idea de que todavía es mucho lo que se desconoce.


P- Tengo la sensación de que este asunto todavía no está agotado.


T- Seguramente, cuando quieras puedes volver a plantearlo.


P- Hasta la próxima, entonces.