miércoles, 12 de agosto de 2026
CUMPLEAÑOS DE RONALD FAIRNAIRN
Su ruptura con la metapsicología freudiana puede resumirse en una afirmación aparentemente sencilla pero de enormes consecuencias: la libido no busca primariamente la descarga o el placer, sino al objeto. El ser humano está orientado hacia los otros desde el comienzo. No somos primero individuos aislados que después entramos en relación; nuestra mente se constituye en una historia de relaciones. Una paciente suya se lo formuló de manera memorable: «Usted está siempre hablando de que yo quiero tener satisfecho tal o cual deseo, pero lo que yo realmente quiero es un padre». Fairbairn supo escuchar la corrección.
También en la clínica se adelantó a desarrollos posteriores. Si muchos de nuestros sufrimientos proceden de relaciones tempranas insatisfactorias, la interpretación por sí sola no basta. La relación real entre paciente y terapeuta puede convertirse en una nueva experiencia capaz de abrir el “sistema cerrado” construido para sobrevivir a aquellas relaciones.
Fairbairn no creó escuela y pasó décadas en una posición relativamente marginal. Sin embargo, buena parte del psicoanálisis relacional contemporáneo resulta difícil de imaginar sin el camino que él abrió: del impulso al objeto, de la mente aislada a la relación.
Un buen día para volver a leerlo.
jueves, 9 de julio de 2026
"CONFUSIÓN DE LENGUAS" O "CONFUSIÓN DE LENGUA", Carlos Rodríguez Sutil y José Jiménez Avello (Nota escrita en colaboración)
Al comentar el texto presentado por Ferenczi en 1932, José Jiménez Avello (2006, 2026) ha utilizado deliberadamente, tanto en sus escritos como en sus clases, la expresión "Confusión de lengua entre los adultos y el niño", en singular, en lugar de la forma más habitual en español, "Confusión de lenguas". Nos proponemos exponer brevemente las razones de esta elección.
El título original alemán es Sprachverwirrung zwischen den Erwachsenen und dem Kind , y el subtítulo, Die Sprache der Zärtlichkeit und der Leidenschaft . El sustantivo alemán Sprache , que aparece dos veces en el subtítulo, puede traducirse como "lengua" o "lenguaje". Por su parte, el compuesto Sprachverwirrung designa una confusión producida en el ámbito de la lengua o del lenguaje. Por ello, la traducción en singular, "confusión de lengua", permite destacar que el problema planteado por Ferenczi no consiste simplemente en que el adulto y el niño hablan dos idiomas diferentes, sino en que atribuyen sentidos radicalmente distintos a expresiones que se producen dentro de un mismo campo lingüístico y relacional.
El niño y el adulto hablan la misma lengua, pero no otorgan el mismo significado a sus palabras, gestos y demandas. El lenguaje infantil de la ternura es recibido e interpretado por el adulto desde el lenguaje pasional de la sexualidad adulta. La confusión no reside, por tanto, únicamente en la coexistencia de dos "lenguas", sino en una alteración del sentido que se produce cuando el adulto traduce la ternura infantil conforme a sus propias significaciones pasionales y, abusando de la asimetría de la relación, impone al niño esa interpretación.
Jiménez Avello ha relatado que, en conversaciones con Pierre Sabourin, llegó a plantearse la conveniencia de la traducción a lengua inglesa. Aunque tongue también puede significar "lengua" como sistema lingüístico, mantiene una referencia inmediata al órgano corporal y favorece, además, la idea de dos lenguas diferenciadas. De ahí la pregunta de si no habría sido más apropiado emplear "language" y, en francés, mantener el singular, tal como aparece en la edición de las obras de Ferenczi: Confusion de langue entre les adultes et l'enfant . La tradición francesa, en efecto, ha conservado el singular.
Judith Dupont, cuya autoridad como traductora y responsable de la edición francesa de la obra de Ferenczi es indiscutible, confirmó en una conversación posterior que, atendiendo al original alemán, la opción más adecuada era el singular. La expresión en singular permite, además, ampliar el alcance de la propuesta ferencziana. Niños y adultos hablamos, en principio, una misma lengua. Podemos emplear, por ejemplo, el significante "erotismo", pero este no posee el mismo significado en el registro infantil de la ternura —ajeno todavía a la pasión sexual adulta, al sadomasoquismo y a la culpa— que en el erotismo pasional del adulto. El trauma se produce cuando el adulto desconoce esa diferencia, interpreta la demanda de ternura como una demanda sexual y obliga al niño a incorporarse a un sistema de significaciones que no le pertenece.
Esta consideración permite pensar la distinción entre ternura y pasión más allá de una oposición rígida entre infancia y edad adulta. En cualquier vínculo pueden aparecer estados afectivos tiernos y pasionales, así como confusiones en la atribución de sentido. La cuestión fundamental consiste en cómo se reconoce la alteridad del otro y cómo se responde a sus gestos y demandas sin imponerles una significación ajena. La "confusión de lengua" nombra, desde esta perspectiva, no solo una divergencia entre dos códigos, sino una perturbación ética y relacional del sentido.
Referencias bibliográficas
Ferenczi, S. (1933). Sprachverwirrung zwischen den Erwachsenen und dem Kind. Die Sprache der Zärtlichkeit und der Leidenschaft. Internationale Zeitschrift für Psychoanalyse, 19, 5-15. El trabajo había sido presentado en el XII Congreso Psicoanalítico Internacional de Wiesbaden en septiembre de 1932. (1932/1984).
-Confusión de lenguas entre los adultos y el niño. El lenguaje de la ternura y de la pasión. En Obras completas (vol. IV). Espasa-Calpe.
-Confusion de langue entre les adultes et l'enfant Le langage de la tendresse et de la passion". En Psychanalyse IV. Œuvres complètes, 1927-1933 . Payot.
Jiménez Avello, J. (2006). La isla de sueños de Sándor Ferenczi. Biblioteca Nueva.
Jiménez Avello, J. (2026). Para leer a Ferenczi (2.ª ed. revisada; con la colaboración de A. Genovés y P. Revuelta). Ágora Relacional.
martes, 12 de mayo de 2026
Algunas discrepancias con Kernberg y una reflexión sobre el diagnóstico relacional
INTRODUCCIÓN
He explicado en distintas ocasiones algunos aspectos de mi manera de entender la clasificación de la personalidad, pero quizá no esté de más volver sobre ello. Mi sistema recoge influencias diversas —entre ellas Kernberg, la psicopatología vincular de Nicolás Caparrós y Hernán Kesselman, así como autores relacionales e intersubjetivos— aunque la clasificación final es propiamente mía y no coincide plenamente con ninguna de ellas.
Agresión y narcisismo no son lo mismo
La flecha regresiva que dibuja Kernberg entre la personalidad narcisista y la agresiva no me parece correcta. Él considera que la personalidad agresiva cumple también criterios narcisistas, pero yo creo que ahí se mezclan fenómenos diferentes.
El agresivo, por definición, no está centrado en su imagen sino en la obtención de sus deseos a la mayor brevedad posible. El narcisista, en cambio, sigue bastante pendiente de cómo queda ante los otros, del reconocimiento, de la humillación o de la amenaza de deterioro de su imagen.
Es cierto que en las personalidades de la posición esquizoide —narcisista, esquizoide y agresiva— el antecedente del superyó es todavía bastante primitivo y está más relacionado con el temor a la retaliación que con la culpa depresiva. Pero eso no significa que todas funcionen del mismo modo.
Agresión y apego como líneas parcialmente diferenciables
Kernberg tiende además a considerar que las organizaciones más primitivas son aquellas en las que predomina la agresión. Yo no lo veo exactamente así. Pienso que agresión y apego constituyen líneas evolutivas relacionadas, pero parcialmente diferenciables.
Existen personalidades claramente neuróticas en las que la agresividad tiene un peso considerable. El obsesivo —o rígido, utilizando el lenguaje de la psicopatología vincular— es un buen ejemplo de ello.
En mi propia clasificación introduzco además una organización que denomino explosivo-bloqueada, situada entre el agresivo y el obsesivo, y que no aparece descrita ni en Kernberg ni prácticamente en otras clasificaciones. El DSM habla del trastorno explosivo intermitente, pero no lo considera una organización estable de personalidad.
La cuestión de la difusión de identidad
Kernberg considera que las organizaciones de personalidad de nivel límite bajo presentan una mayor difusión de identidad, concepto que toma de Erikson. Tampoco estoy plenamente de acuerdo con esto.
Las personalidades narcisistas y agresivas pocas veces presentan verdaderas crisis de identidad. Suelen mantener, aunque sea de forma rígida o defensiva, una imagen relativamente estable de sí mismas.
La difusión de identidad aparece con mucha mayor claridad en las personalidades de posición confusional: la fóbica (evitativa), la confusional propiamente dicha (límite) y la explosivo-bloqueada. En ellas sí observamos oscilaciones importantes en la autoimagen, sentimientos persistentes de no saber bien quién se es y dificultades para mantener una continuidad subjetiva suficientemente integrada.
La personalidad fóbica
Siempre me llamó la atención que Kernberg no incluyera la personalidad fóbica como prototipo específico, aunque no encontré una explicación clara de ello cuando le leí en su momento.
Nancy McWilliams, autora muy relevante en este ámbito y buena conocedora de Kernberg, se aproxima más a la posición clásica de relacionar la fobia con la histeria —la “histeria de angustia” de Freud—. Sin embargo, ella misma participa en el PDM-2, sistema psicodinámico de descripción y clasificación de los trastornos psíquicos que sí incluye distintas variantes de personalidad fóbica.
El diagnóstico en psicoanálisis relacional
Por otra parte, buena parte del psicoanálisis relacional —interpersonalistas, intersubjetivistas, etc.— ha tendido a desconfiar del diagnóstico, considerándolo excesivamente cosificador y poco respetuoso con la singularidad del sujeto.
Yo, sin embargo, mantengo su utilidad clínica siempre que no se convierta en una etiqueta cerrada ni sustituya la escucha del paciente concreto.
El diagnóstico puede ayudarnos a orientarnos respecto al tipo de sufrimiento, las defensas predominantes, la modalidad vincular o el nivel de integración de la personalidad. Pero, desde una perspectiva relacional, también debemos tener presente que el terapeuta entra inevitablemente en interacción con el paciente desde su propia organización de personalidad, sus conflictos, defensas y modalidades vinculares.
En cierto sentido, no solo existe un diagnóstico del paciente: también existe “nuestro” diagnóstico, que influye en cómo percibimos al otro, en qué reacciones emocionales se despiertan en nosotros y en el tipo de relación que tendemos a co-construir con cada paciente.
Eso explica que cuando hablo de estos temas utilice el “yo” en lugar del “nosotros”, porque ninguno de mis colegas sigue exactamente mi sistema, aunque algunos lo respeten.
miércoles, 6 de mayo de 2026
Cuando dejamos de pensar: delirio, certeza y práctica clínica
“Prefiero caminar con una duda que con un mal axioma”, cantaba Javier Krahe en “El Cromosoma”.
Hay una idea inquietante que atraviesa tanto la filosofía como la clínica: no siempre pensamos cuando creemos que pensamos.
En psicopatología, el delirio se ha definido clásicamente como una creencia falsa mantenida con certeza absoluta. Sin embargo, esa definición se queda corta. Como muestra el trabajo de Ariso , el problema no es solo el contenido del delirio, sino su relación con el sistema de certezas del sujeto. El delirio no es simplemente una creencia errónea: es una forma de reorganizar la experiencia.
Dos conceptos resultan especialmente sugerentes:
• la incertidumbre,
• y la ceguera a las posibilidades.
Cuando una persona pierde la capacidad de considerar alternativas, cuando el mundo se estrecha hasta una única interpretación posible, lo que emerge no es solo un error, sino una forma de cierre de la experiencia. Esto tiene una resonancia clínica inmediata. No solo en la psicosis. También en formas más cotidianas de sufrimiento donde el paciente “no puede ver otra cosa”. Y aquí es donde la cuestión deja de ser puramente teórica.
Gran parte de la tradición psicológica ha pensado la mente como algo cerrado, casi como un almacén interno. Pero desde una perspectiva relacional, esto es una ilusión. Como he defendido en otros textos, siguiendo a Wittgenstein, la mente no está “dentro” del sujeto, sino que se constituye en relación con otros . No hay pensamiento sin contexto, sin vínculo, sin historia compartida. Desde aquí, el delirio no es solo un fallo cognitivo, es también un fallo del campo relacional. No es solo que el paciente “no vea”, es que no puede ver con otro.
Esto nos acerca a un problema ético. Una moral desligada de la relación puede volverse peligrosa . Cuando la norma sustituye al encuentro, cuando la ley sustituye al otro, aparece una forma de “certeza” que ya no necesita pensar. El delirio clínico y ciertas formas de rigidez moral comparten algo: la imposibilidad de introducir duda. Y donde no hay duda, no hay pensamiento.
Si esto es así, la tarea clínica no consiste solo en corregir creencias. Consiste en algo más difícil: abrir posibilidades; introducir incertidumbre tolerable; y reconstruir un espacio donde pensar sea posible No se trata de decirle al paciente “eso no es verdad”, sino de ayudarle a que pueda imaginar que podría ser de otro modo. Algo difícil en estos tiempos de crisis en los que tendemos a buscar algo sólido donde agarrarnos. Porque, en el fondo, pensar no es tener razón. Pensar es poder no estar completamente seguro.
Wittgenstein advertía contra ciertos peligros intelectuales que siguen plenamente vigentes hoy : la tendencia a construir sistemas cerrados que explican demasiado bien.
Quizá el delirio no sea tan ajeno a nosotros como pensamos. Tal vez empieza ahí donde dejamos de preguntarnos si podríamos estar equivocados. Y eso, en clínica, es un asunto muy relevante para nuestra práctica.
Y termino con Krahe:
porque dudo que al final de este asunto
la cosa no se acabe con un punto
sino con punto y coma
jueves, 19 de marzo de 2026
Edgar A. Levenson (1924–2026) OBITUARIO. Una voz de los márgenes del psicoanálisis
CUMPLEAÑOS DE RONALD FAIRNAIRN
Ayer, 11 de agosto, se cumplieron 137 años del nacimiento de William Ronald Dodds Fairbairn (1889-1964), uno de los autores más originales y...
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La división clásica en psicoanálisis freudiano es entre neurosis y psicosis; Freud entró más tarde a estudiar las perversiones. También rea...